sábado, 29 de julio de 2017

De Salamanca a Mérida (20 de Enero de 2017)


«Quod natura non dat, Salmantica non præstat» (en español: Lo que la naturaleza no da, Salamanca no (lo) otorga) 


Le cuento que aunque hay cosas que Salamanca no otorga, hay cosas que sí (y son muy buenas).


La entrada a la Universidad de Salamanca es bellísima, pero quisiera destacar por sobre todas las cosas el clima de ciudad estudiantil que tiene. Hay gente joven yendo y viniendo, cantidad de bares y frescura en el aire. Debo admitir que me dio un poco de envidia. Pensar en poder dedicarse en ese momento de la vida a estudiar y también a convivir y socializar con tus pares.


Esta ciudad tiene la peculiaridad de tener conjuntamente (y contiguamente) una Catedral Nueva y otra Catedral Vieja, cada cual con su arquitectura peculiar. Subimos a las torres y el tejado y vimos el campanario



El espacio de la escalera era tan estrecho que había una especie de semáforo que indicaba cuando se podía bajar o subir. Nos sucedió algo parecido al pasar por algunos puentes antiguos aún en uso. Arquitectura y urbanismo pensado para otras épocas, obviamente. Y con su encanto, sin dudas.


Nos despedimos de la ciudad visitando los restos de la Muralla.


Páso siguiente, Mérida, originariamente: Colonia Augusta Emérita. Otro momento romano de nuestro viaje (cuán lejos llegó esta gente y cuanta cosa buena y mala que hizo por donde fueron).


Aún en uso, el Teatro y Anfiteatro Romano. Uno puede sentarse allí y ver una obra y dejar volar la mente hacia el pasado.


Algo que me sucedió en Museo Nacional de Arte Romano y que me pasó también con algunos otros durante esta aventura, es que la estructura del Museo es tan buena que rivaliza con la importancia del contenido (esto pasa en general cuando los edificios no son antiguos refuncionalizados sino que se han construido ad hoc). Les diré que en relación a éste, uno entra y el efecto óptico de la sucesión de elevados arcos sobre una galería central convoca a un justificado asombro.  


Las ruina romanas distribuidas por toda la ciudad forman en realidad un complejo, tales como el imponente Templo de Diana, el Foro Romano, el Arco de Trajano y el Puente Romano.


Los árabes no estuvieron setecientos años aquí por nada, así que también es muy bueno matizar visitando la Alcazaba.


Lo que tal vez no es tan común (porque musulmán y romano en España hay cosas por todos lados), es acceder al patrimonio visigodo. Es muchísimo más escaso en comparación. Por lo que una visita al Museo del Arte y la Cultura Visigoda es casi obligatoria.



Luego de tanto caminar, creo que lo más indicado es dejar caer la tarde y ver a los paseantes disfrutando algún bocadillo e infusión en la hermosa Plaza de España



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sábado, 17 de junio de 2017

León (y Las Médulas) 18 y 19 de Enero de 2017

     A Mirta Martínez, nieta de un leonés.
     A Estela Gavela, "la leonesa" ;-).


Temíamos el frío de León; confirmando su fama, en nuestro breve paso previo por San Justo de la Vega las sábanas eran de polar. Sin embargo, encontramos una ciudad acogedora; cuando uno analiza el viaje que hizo y piensa "me sobraron días en tal lado y me faltaron en tal cual", pues bien, en León nos faltaron.


Del Hotel Infantas de León lo que recuerdo es que la habitación era tan cómoda que nos volvimos temprano de recorrer para disfrutarla; viniendo de gente que durante este periplo estuvo en doce hoteles (y un departamento), es una buena señal.


Llegamos a El Bierzo con la intención de comprar sus famosas cerezas en aguardiente (y lo hicimos posteriormente). Me pasé el resto del viaje consumiéndolas (y tratando que el líquido del frasco no se desbordara). 

Quiero hacer una mención especial a la señora que nos atendió (y más importante aún, nos educó) en el Aula Arqueológica. Una señora menudita y muy fina, lamento saber su nombre, grande en todos los demás sentidos, que puntero láser en mano nos fue habilitando las salas, casi para nosotros solos. Y con la claridad y brevedad que sólo posee el que sabe, se salió del libreto para explicarnos mejor que nadie el paso del labriego al empleado, de lo rural a lo urbano, en el noroeste peninsular. 
Imperdibles Las Médulas (y creo no suficientemente publicitadas por nuestros lares) se observan mejor desde el Mirador de Orellán. Con los castaños milenarios que llevaron los romanos para alimentar a los esclavos, montañas reventadas desde dentro por fuerza hidráulica a través del método ruina montium. De verdad, algo que no se ve todos los días en cualquier lugar. 

En mi podio de catedrales se encuentran La Sagrada Familia y Catedral Mezquita de Córdoba, por diferentes razones. Vimos tantas otras, que tuve que implementar algún método mnemotécnico para recordarlas. Con la Catedral de León la elección de la característica destacada fue muy sencilla; los vitraux, recientemente restaurados, son simplemente impresionantes.


Visita obligada el Museo de la Catedral; un muchacho que sabía muchísimo nos mostró entre otros tesoros el Arca de los Marfiles (donde se guardaron los restos de San Juan Bautista) y el Cáliz de Doña Urraca, otro posible Santo Grial. 

Para calentarse, que mejor que el chocolate con churros frente a la Basílica de San Isidoro de León. Sobre opiniones se pintan colores, a veces el chocolate se considera de mejor calidad cuanto más espeso es. No lo sé, todo el chocolate que probé en España estaba tan rico y reconfortaba tanto el alma que no puedo evaluar.


Una aclaración antes de comentar sobre el Panteón de los Reyes Leoneses. Otro sepulcro real (no). "España es Asturias, el resto es reconquista". Es así; pero una vez comenzada La Reconquista, el Reino de León y el Condado de Castilla fueron España mucho tiempo. Sarcófagos de 12 reyes, 10 reinas y ocho infantes, en un marco pictórico mural muy interesante, que ha sufrido los embates de la invasión francesa.

El Convento de San Marcos es uno de los monumentos más importantes del Renacimiento español. El modernismo aflora en la Casa Botines. Lamento que estuviese cerrado el Musac, pero el edificio de este Museo de Arte Contemporáneo es tremendamente llamativo desde fuera. Las Murallas de León se remontan a la época Augusta y pueden ser transitadas por encima. 


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sábado, 10 de junio de 2017

Ribeira Sacra (Monforte de Lemos) Martes 17/01/17

El bosque animado

Ustedes no me van a creer, pero en Galicia los bosques hablan.

Yo también era incrédulo y en ese estado de incredulidad nos dirigimos a la Ribeira Sacra, entre las provincias de Lugo y Ourense. 


Estacionamos el auto en el Mosteiro de San Estevo de Ribas de Sil. Dispuestos a un par de horas de senderismo, comenzamos a recorrer el Cañón do Sil, donde existe un conocido mirador llamado Balcóns de Madrid, que es realmente muy bello, con una gran vista panorámica. 


Caminamos por el sendero, el suelo tapizado de hojas doradas, los árboles desnudos cubiertos por musgo; un entorno increíblemente mágico. 

Repito: el bosque en Galicia habla si estamos dispuestos a escucharlo. La mayor parte de las cosas que me dijeron no las puedo compartir, pero sí nos sugirió que siendo ya hora de almorzar fuéramos a visitar la población de Castro Caldelas.

Este pueblo realmente nos encantó; está cuidadísimo. Tenía una fortaleza, destruida en las Revueltas Irmandiñas y vuelta a construir como castillo. Voy a volver a este punto más adelante porque lo interesante de esta historia no termina aquí.


Almorzamos en la Pensión Restaurante Caldelas Sacra en el cual pedimos el menú: caldo gallego, empanada gallega, pescado, costillas; todo muy rico y la señora que atendía, muy amable, creo que era cocinera y dueña. Su hijo estaba llamando por teléfono, uno por uno, a quienes habían reservado habitación para la Festa dos Fachós (hay todo un culto tradicional al fuego) dos días después, para advertirles que el comedor estaría cerrado porque todo el mundo iba a comer chorizos en la celebración. La señora nos destacaba que en una ocasión el fachóns le había caído en la puerta, sin gran perjuicio más allá del susto. 



Hace un par de siglos, durante la Guerra de Independencia durante la invasión napoleónica, el fuego también había tenido protagonismo cuando en represalia por un ataque los franceses hicieron quemar la villa y el castillo. 


Tanta caminata y tanto hablar de fuego fuego nos provocaron una sed de aquellas que no se calman con agua. Era curioso ver en las laderas de las montañas viñedos escalonados en un ángulo increíble, muy sorprendente. El concepto de Vitivinicultura Heroica (que comparten con otros lugares del mundo).


Partimos entonces hacia Monforte de Lemos, donde nos alojamos en el Hotel Ribeira Sacra que al entrar tiene unos muy lindos exhibidores con cerámica local. 


Caminamos por el casco antiguo de la ciudad hacia el Centro de Interpretación del Vino, donde hicimos una visita y degustación del varietal Mencía; existe una Denominación de Origen Ribeira Sacra.


Quiero terminar esta reseña volviendo al tema del Bosque Gallego, y citando lo que dice éste último sitio web que lo promociona: 



"El aire húmedo se mezcla con el aroma de nuestros árboles, del musgo, de las hojas secas que crujen a nuestro paso y, de fondo, el sonido del agua que, a través de los ríos y regatos, se va abriendo paso sinuosamente hasta alcanzar el mar. 

Hay que permanecer atentos en el recorrido, pues estos bosques, muchos de ellos insondables, acogen en su seno una fauna y una flora dignas de admirar.  Tupidos robledales, encinares, bosques de abedules y castaños que, inmóviles y silenciosos, esperan que os acerquéis a ellos y recorráis sus paisajes, dignos de la Galicia más mágica."

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domingo, 4 de junio de 2017

Hacia Orense (Puenteareas & Cristiñade) Lunes 16 de Enero de 2017

Comenzamos la jornada tratando de visitar el Castillo de Sotomayor, que se encontraba cerrado (en este caso, no por reformas; sólo no era el día adecuado para visitas). Visitamos luego la ciudad (y municipio) de Puenteareas, una zona que ha aumentado su población porque jóvenes provenientes de Vigo se radican al ser su mercado inmobiliario más accesible. Disfrutamos del almuerzo en Pizza Plus, una pizza deliciosa, fina y crocante, frente a un curioso monumento de homenaje a un ciclista local, Álvaro Pino. No estuvimos suficiente tiempo allí porque nuestro destino era una aldea rural llamada Cristiñade.


No todos mis antepasados fueron pescadores; algunos de ellos, por parte de mi abuelo materno, eran labradores. Es por esta razón que llegamos a este pequeño poblado e intentamos infructuosamente localizar el lugar original en el que se encontraba su casa, que ya sabíamos había sido reemplazada por una nueva construcción; nos ayudó en la búsqueda mi prima Zaixe Slava.

Hay una casa cultural llamada Antorchas que se nota muy activa y había entablado comunicación con un vecino llamado Saturnino que se ofreció muy amablemente a ayudarme, pero no lo supe coordinar bien.


Por tal motivo mis opiniones acerca de este lugar serán superficiales y podríamos decir de algún modo, impresionistas. Visitamos el cementerio donde reconocí muchos apellidos de mi árbol genealógico; vimos por fuera la parroquia que se encontraba cerrada y caminamos por las calles del pueblo.

Creí ver dos mundos allí; una parte más tradicional, casas de piedra, viñedos, vecinos adultos mayores atendiendo sus labores. Estas pequeñas parcelas están mezcladas con otras residencias de construcción moderna, tal vez casas de fin de semana; el pasado y el presente, entremezclados. Mi búsqueda aquí era más abstracta y lejana que en relación a mis orígenes en la ría. Citando a Roberto Arlt:

“Paisaje de brujería. De magia blanca, roja y negra. Bosques de terciopelo oscuro y montañas de papel azul. Valles que son bahías de sonrosados mares de nubes. Neblinas azuladas flotando sobre los viñedos. Quebradas verdes, con oscuridades verticales que nos recuerdan a Don Xigante. Alturas rocosas con castillos de piedra disimulados por bosquecillos.

La atmósfera feérica, de madreperla, flota en torno de la vegetación quieta, estática. Se pueden contar los troncos de los árboles separados; cada colina tiene a la mitad de su pendiente, un bosque ovalado; las montañas no son muy elevadas, pero todas se desgarran en valles donde se cree poder ver legiones de espíritus, surgidos del fondo de la tierra.

El paisaje gallego es fresco, espiritual. Y hacia donde se mire, o en lo alto de una pendiente, o en el fondo agreste donde corre un riachuelo, casas de piedras. Escenografía terrestre, permanentemente adornada de sociedad humana, bajo cuyos techos de tejas de piedra, humean los troncos en la lareira, piedra del hogar en la típica cocina gallega.

Por la noche, las neblinas atlánticas flotan aquí hasta en los más calurosos meses del verano. Los puertecillos de las rías penetran hasta los valles. La superposición de bosque, piedra y agua, es quiméricamente fantástica. Las innumerables leyendas de duendes, tesoros


enterrados, xorguinas (persona ducha en sortilegios o hechicerías) y espíritus de la naturaleza, no sólo se justifican ampliamente, sino que si tales leyendas y tradiciones no existieran, su falta constituiría una grave laguna para el estudio de la psicología montañesa. El reino de lo maravilloso es complemento inevitable del paisaje gallego.”
Llegamos a la noche a Orense y visitamos la Catedral de Orense casi a oscuras con el rezado de rosarios como música de fondo. Si pueden visitar alguna catedral de noche y con poca iluminación, no lo duden.

Otra visita peculiar para realizar de noche fue la que hicimos a Las Burgas; el recuerdo del vapor de las aguas termales emergiendo es memorable.


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domingo, 28 de mayo de 2017

Portonovo (y Sanxenxo) de 14/01/17 a 15/01/17

Ya en la provincia de Pontevedra, nos adentramos en la Comarca de O Salnés (¡otra que Frodo!). Pasamos por Vilanova de Arousa y desayunamos en A Illa de Arousa (muy bella), estuvimos en O Grove, por la Illa da Toxa (un lujo) y por Cambados (el Pazo de Fefiñáns estaba cerrado). Los castillos gallegos están mayormente destruidos y bastante tuvo que ver la Revuelta Irmandiña (1467-1469). Que otros sientan orgullo por sus castillos aún en pie; yo siento orgullo por los castillos que no están.
En la mágica Ermita de A Lanzada todo nos hace soñar. "En el lugar donde presuntamente se encontraba un faro fenicio o quizas romano, se construyó un castillo del que existen referencias en el siglo X [...] Aquí hubo un castro, una factoría comercial, una necrópolis romana y ya en épocas medievales una fortaleza con una capilla que ha llegado hasta nuestros días y que cuenta con una gran devoción". Agreguen a esto el ritual las Nueve Olas de Fecundidad. Dos milenios de creencias. Paganos, castrenses, fenicios, romanos, cristianos medievales... La ermita se encuentra en funciones y todo el patrimonio arqueológico está siendo debidamente explorado. Me corrijo; no sólo funciona la ermita, sino que está cuidadísima y la belleza del entorno quita la respiración.


Bien dijo el poeta que no hay camino; que se hace camino al andar.

Un pariente mío (quien seguramente no era poeta) intentó vanamente desandar; retornó a su pueblo de origen, Portonovo, en la Ría de Pontevedra, décadas después de haber emigrado. Tomó un taxi hacia allí y cuando el conductor le indicó que ya habían llegado a su destino comenzó una discusión cuyo eje era, palabras más, palabras menos: “Esto no es Portonovo, me lo va a decir a mí”. Desandando el camino hacia el puerto fue identificando lugares y reconociendo rostros, hasta que no le quedó más remedio que aceptar lo que su memoria le negaba.

Diez días después de haber pisado suelo español me encontraba yo a las puertas de lugar en el que habían crecido mi abuela materna y mi padre, y del que habían partido a principios de la década del ‘20 y del ‘50 del siglo pasado, antes de la visita de los reyes de Bélgica en el verano de 1961 y bastante antes de que la centenaria villa de pescadores se fuera transformando en un balneario.

Naturalmente, había ya una Portonovo en mi cabeza, aquella de la que había escuchado y leído, especulado e imaginado, toda mi vida; hasta hice un curso de lengua gallega el año anterior y leí novelas, vi películas... “Emoción” no es un concepto que haga justicia a lo que sentía. Luego de una pequeña confusión entre Casa Alvarito y Pensión Alvarito pudimos dejar nuestro equipaje y comenzar a desandar, mi esposa ya una gallega honoraria debido al amor que le puso al planeamiento del viaje.

Caminamos bordeando la ría hacia el puerto; almorzamos allí, en el Restaurant La Lonja. Como mi pariente Jesús, del que conté la nota del principio, me resistí a creer que ese pueblo lleno de locales cerrados por el invierno era mi Portonovo imaginado. En el bullicio del almuerzo, poco lo vinculaba con el lugar que mi abuela y mi padre habían abandonado por diversas circunstancias de la vida.
Aún lleno de extrañeza, caminamos hacia la estatua de A Peixeira (¡cuán importante el papel de la mujer del pescador!) y las playas de Canelas, Paxariñas y Caneliñas; luego a visitar la Capilla de Santa Catalina. Como mi madre me había referido a dos primas con las que no se había vuelto a contactar por años, yo había corroborado sus domicilios gracias a la gentileza de algunos vecinos en Facebook. ¿Conocen ustedes la importancia de los cruceiros en Galicia? Al llevar los cajones de los muertos a hombro las procesiones se detenían momentáneamente frente a ellos. Mi abuela me contaba que la casa de su padre se encontraba frente al cruceiro (luego supe que era del barrio de Enxido); creí identificar la casa de la prima Dora pero, dudoso, no me atreví a llamar a su puerta. Seguimos caminando y nos encontramos con otro elemento importante del paisaje tradicional gallego: hórreos -en funcionamiento-; nos dirigimos luego al Cementerio de Portonovo, donde reconocí muchos de los apellidos de mi árbol genealógico y fuimos también hasta Adina para visitar la Parroquia de Santa María Adigna. Más tarde nos dirigimos a conocer a Giovanni, de profesión peluquero, marido de Josefa, quienes nos recibieron en su hogar y luego nos llevaron hasta la casa de la otra prima, Dora.
Estuvimos más de un mes en España y cada día fue maravilloso, pero sólo me sentí en familia este fin de semana gracias a las primas de mi madre y a sus seres queridos. Ver allí un álbum de festejo de quince años donde aparecían mis padres y mi hermano, o fotos de mis propios hijos que no podía creer que hubiesen llegado tan lejos, me llenó de alegría.
De vuelta en la pensión traté de localizar con ayuda de los administradores a un vecino que muy generosamente se ofreció a facilitar una copia de la película El Hereje (1958), filmada allí; sería largo extenderme en las idas y vueltas de la anécdota, pero conste que no la conseguí aún -aunque no me resigno; hasta tenía un pendrive con forma de grelos comprado ad hoc. Extenuados y felices, comimos muy livianamente en la habitación y nos fuimos a dormir.
A la mañana siguiente nos levantamos muy temprano y recorrimos el extenso y cuidado sendero costero, realizado en madera, pasando por las playas de Silgar y Baltar, hasta la vecina Sanxenxo, donde desayunamos plácidamente hasta que una gaviota nos robó una croissant que fue gentilmente reemplazada por el personal del lugar. Creo que la gaviota habrá pensando, ¡qué descuidados son estos porteños (de otro puerto, del de la quinta provincia gallega)!
Nos llevaron a comer garbanzos y pulpo (delicioso) A Cova de Ons y a compartir una copa en A Taberna de Cata y en Pepa a Loba (donde nos sirvieron de tapa lacón con grelos; gracias Romina Trovato por poner nombre a mis recuerdos) y luego disfrutamos de un almuerzo familiar. Más tarde Dora nos esperaba para mostrarnos vistas de la isla de Ons e ir a la casa de María Elena; finalizamos el día con una verbena espectacular en la vecina Arra (por las fiestas de San Amaro y San Marcial).
Antes de irnos a la mañana siguiente pasamos por una librería; tuve en mis manos un libro, relativamente caro pero definitivamente difícil de conseguir -sobre el que me hubiese abalanzado hasta hace muy poco-, acerca de la historia del municipio local. Volví a colocarlo en el estante; jamás me gustaron las sobreactuaciones (me parece que destacan lo que a uno le falta). Es importante mirar hacia el pasado, pero también entender que todo cambia, que ese camino recorrido por los que estuvieron antes que uno es como un río, siempre el mismo y a la vez siempre diferente. Recordé al poeta: “al andar se hace el camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.
No necesito ningún libro más sobre el sitio de mis orígenes; llevaré a Galicia y a Portonovo en mi corazón lo que me reste de vida (y con ello me basta).
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sábado, 27 de mayo de 2017

Santiago de Compostela (y Costa da Morte) desde el 11/01/17 hasta el 13/01/17

 "Santiago, donde la lluvia es arte"



Comenzamos nuestra recorrida -bajo la lluvia, apropiadamente- por el Parque de la Alameda, donde se encuentra ubicado "La Perona", el pino que Evita plantó en 1947 y goza de perfecta salud.


Llegamos luego a la Praza do Obradoiro, donde advertimos que el célebre Pórtico de la Gloria se encontraba en  restauración (son cosas que pasan; a respirar profundo, contar hasta diez y al próximo atractivo).

También pudimos ver el Pazo de Raxoi, la Universidade de Santiago de Compostela, el Hostal dos Reis Católicos, entramos a la propia Catedral (e hicimos una excursión por sus techos, donde la guía nos contó que ese mismo día se estrenaba la miniserie "El Final del Camino" -la cual vimos religiosamente mientras permanecimos en la penísula-).

En la Praza Quintana de Vivos vimos la Placa al Batallón Literario ("Por rescatar a Fernando, y acabar con Bonaparte, unióse Minerva a Marte"). Era 1808 y frente a la invasión francesa los estudiantes fueron al campo de batalla, pero para que Juan Ignacio de Armada Caamaño Ibáñez de Mondragón y Salgado de Sotomayor, marqués de Santa Cruz de Rivadulla los pudiera mandar le otorgaron doctorados de todas las facultades :-)

Visitamos también el Museo de la Catedral y dos botafumeiros en la biblioteca (la réplica en plata y el original en latón). En realidad, al verdadero lo sustrajeron en época napoleónica, junto con muchos otros objetos de metales preciosos. El botafumeiro se puede ver en funcionamiento en la Catedral en ciertas fechas litúrgicas, en alguna misa por acuerdo especial de algunas instituciones o pagándolo un grupo de turistas.

Visitamos asimismo el Museo de las Peregrinaciones y el Museo do Povo Galego donde se encontraba la Dorna do Grove "Rosa"; mi abuela Rosa llegó a Buenos Aires en la década del '20 y empezó a trabajar como niñera. Había dejado en Portonovo a su familia; muchos hermanos menores. Juntó dinero, volvió y le compró el barquito a mi bisabuelo, quien le puso su nombre (que es también el de mi madre). Cuando mis padres volvieron al pueblo en los noventa, les contaron que estaba en la sala dedicada a las actividades marineras del Museo do Pobo Galego. 

En el Panteón de Galegos Ilustres ilustres presentamos nuestros respetos a Castelao y a Rosalía de Castro, pionera del Rexurdimento con versos como: 
«Has de cantar,
meniña gaiteira,
has de cantar,
que me morro de pena.»

Comimos unas Tartas de Santiago mientras caminabamos por las callejuelas milenarias y cenamos en una cafetería llamada Las Vegas;  disfrutamos raxo y bacalao.

Creo que nunca pensé que se podrían hacer tantas cosas con el cerdo; infinitas clases de embutidos, chorizos, recetas de todo tipo con el lomo y todo lo que se les pueda ocurrir. 





El jueves 12 partimos hacia la Costa da Morte. El nombre no es gratuito; es completamente ilustrativo. Y de ello pueden dar cuenta una enorme cantidad de barcos naufragados y de marineros muertos.

A lo largo de ella hay infinidad de poblados pesqueros, antiguos y bellísimos.

En A Coruña visitamos la Torre de Hércules. Me impresionó por su historia, por su antigüedad. Pero también por su temprana y adecuada conservación. 

Ascender por esa escalera es una experiencia inenarrable. Y al alcanzar su cúspide la emoción es inefable.



Teníamos reservada en Madrid una prolongada excursión en Segway, que jamás habíamos utilizado.

Al bajar de la torre un muchacho muy amable y paciente se ofreció a enseñarnos a usarlo y los alquilamos media hora; fuimos hasta los menhires (que son un conjunto escultórico; no son auténticos).



Almorzamos en Camariñas (y en mi cabeza sonaba "Ao pasar por Camariñas, por Camariñas, cantando, as nenas de Camariñas quedan no río lavando. Camariñas, Camariñas xa me vas camariñando, por unha de Camariñas vino no mundo penando" -recomiendo versión de Rosa Cedrón y Luar na Lubre-) tortilla, empanada gallega y queso de tetilla. 

Vimos el Parque Eólico do Vilán (respecto al aprovechamiento energético español -y a la infraestructura en general- chapeau, hay que sacarse el sombrero) y también el Faro Vilán, 

¿Dónde termina el Camino de Santiago? Algunos dicen que en Muxia y otros en el finis terrae Fisterra (oportunidad para conseguir la Muxiana y la Fisterrana si no se logró antes la Compostela) donde hay un faro y el busto del General Don José de San Martín.



La imagen de los barcos en el puerto de Muxía quedará para siempre en mi memoria.

El viernes 13 desayunamos en 25 de Julio. Vimos las reliquias del Apóstol Santiago; lo abrazamos, cual es la tradición. Nos despedimos con El Monasterio de San Martín Pinario y las deliciosas galletitas de las monjas en el Monasterio de San Pelayo de Antealtares.



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